¿Innovación pública o innovación social? Una pregunta que no tiene sentido

¿Innovación pública o innovación social? Una pregunta que no tiene sentido

Cuando los problemas se convierten en inabordables, es cuando nos acordamos de la necesidad de innovar. Y esa llamada a la innovación suele venir habitualmente acompañada de peticiones a la Administración para que actúe de forma flexible y se adapte a un ritmo de respuesta rápido y que dé respuesta a los retos sociales, económicos y medioambientales que se presentan.

Desde siempre, la Administración ha sido y es, fuente de diferentes innovaciones sociales: el sistema de protección social, el acceso universal a la salud o a la educación son buena muestra de ello. Pero no es menos cierto, que existen ciertas estructuras administrativas que muchas veces inhiben la toma de riesgos y la innovación y que, todavía hoy en día, continúan promoviendo respuestas estandarizadas y unidireccionales a problemas cada vez más complejos y multidimensionales. Esto no significa que no haya innovación pública, sino que ésta se ve demasiado constreñida, bien por limitaciones presupuestarias, o bien por las propias estructuras administrativas que limitan su capacidad de innovar más allá de la prestación de servicios.

Pero es precisamente en este contexto complejo, cuando el papel de la Administración toma mayor relevancia como un agente de innovación, y se considera que debe asumir el liderazgo necesario para definir cuáles son los verdaderos retos estratégicos y cómo debemos abordarlos (con quiénes, con qué recursos, cómo obtenerlos y dónde aplicarlos), además de definir también cuál es su responsabilidad en el desarrollo social y económico del territorio.

Con respecto a los retos, no debemos olvidar que la innovación social es estrategia, y por lo tanto, implica la necesidad de generar impactos de forma más efectiva, abordando los asuntos que realmente importan, y de manera diferente. En este sentido el Plan de Innovación Pública 2014-2016 define la “innovación pública” como la aplicación de ideas y prácticas novedosas en el ámbito de la gestión pública con el objetivo de generar “valor social”. Es decir, se plantea la generación de resultados mediante la combinación de diferentes recursos, procesos y políticas con el fin de generar mejoras en la vida de las personas y de la sociedad en su conjunto.

Con respecto a la forma de abordarlos, partimos de la base de que las innovaciones sociales que podemos calificar como exitosas son aquellas que perduran y tienen un alcance amplio, dirigido al cambio sistémico. Es por eso, que la innovación social mide su éxito por su capacidad de influir de forma disruptiva en un marco institucional, no en la capacidad de absorción. Las Administraciones Públicas, como arte y parte de ese marco institucional, deben tomar la iniciativa en el ámbito de la innovación social si quieren convertirla en un elemento de cambio sistémico.

Como primer paso, y ante unas estructuras de gobierno cada vez más complejas e interrelacionadas, es necesario ahondar en un sistema de democracia participativa y desarrollar modelos de participación y compromiso cívico en el debate y toma de decisiones públicas. Pero además, en un contexto de escasez de recursos, también es necesario innovar en las fórmulas de obtención de recursos y en el destino (uso) que damos a los mismos. Y en este sentido deben plantearse también algunas cuestiones relacionadas con los procedimientos para el diseño y concreciones de los presupuestos públicos, las estructuras fiscales y trazabilidad financiera para promover iniciativas de innovación social, y la distribución de los recursos financieros públicos para generar sinergias e impactos indirectos.

Por último, y con respecto a la responsabilidad de las Administraciones como agentes de Innovación Social y responsables de su desarrollo, consideramos que estas son algunas de las iniciativas que deben ser asumidas desde las instituciones:

  • GENERACIÓN DE NUEVAS IDEAS: Es imprescindible promover la generación de nuevas ideas y también de conexiones improbables. En un contexto de crisis, de estructuras que tienden a la homogenización, de conservadurismo, de falta de diversidad… la Administración tiene un importante papel en este apartado. En este momento en el que no sabemos “cuál es la buena idea” y no sabemos “cómo cambiar las cosas” o ni siquiera “somos capaces de ponernos de acuerdo en torno a cuál es el problema” la Administración debe promover espacios de discusión, interacción… de aprendizaje social compartido con el claro objetivo de generar nuevas perspectivas, nuevas alianzas y nuevas soluciones.
  • SELECCIÓN DE INICIATIVAS: Promoviendo el desarrollo de proyectos experimentales (en esto casos, el apoyo público se puede concretar en financiación, en generación de redes, en generación de entornos para la experimentación…) que den lugar a un análisis crítico sobre cómo podemos pasar de procesos de innovación que se midan por el resultado a procesos de innovación en los que midamos el impacto.
  • ADOPCIÓN: Una vez identificadas esas iniciativas de innovación con impacto social, es necesario promover su adopción (acelerarlas) mediante processo de scaling up o scaling out, bien aumentando su alcance o bien “replicando” iniciativas exitosas de innovación social. En esta fase es necesario superar las incertidumbres propias que genera el cambio, y las Administraciones pueden ayudar en esa “generación de mercado”, aportando recursos, a modo de “paraguas” institucional, etc… de manera que ayuden a superar las barreras de cambio.
  • INSTITUCIONALIZACIÓN: Institucionalizar la innovación social, es la última fase. Cómo puede la Administración incorporar en su gestión y en los instrumentos y estructuras gubernamentales (normativa, desarrollo institucional, etc) las prácticas de innovación social ya socialmente adaptadas. La administración puede mediante el desarrollo normativo y la generación de nuevos marcos legales modelar entornos que promueven la innovación y den cabida a iniciativas de innovación social.

Aún hoy en día, seguimos asociando la innovación con una idea brillante o con un descubrimiento sin par. Sin darnos cuenta de que la innovación, y mucho más la innovación social, no proviene normalmente de elementos primarios novedosos, sino de combinaciones radicalmente distintas a las habituales en elementos ya conocidos. Son el resultado de un conjunto de relaciones o conexiones inhabituales mediante las cuales diseñamos una nueva fórmula de responder a los retos de nuestras sociedades. Los grupos de consumo, las huertas urbanas, el banco del tiempo, las plataformas online de recogida de firmas… son buena muestra de ello. La Administración puede jugar un papel clave en generar estas nuevas interacciones, en facilitarlas, en promoverlas y también en incorporarlas a su propia esencia. Porque “aquel que quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a sí mismo” (Socrates).


Fuentes

  • Bekkers, V.J.J.M, Tummers, L.G., Voorberg, W.H. (2013). Título: “From public innovation to social innovation in the public sector: A literature review of relevant drivers and barriers. Rotterdam: Erasmus University Rotterdam
  • European Commission, DG Research and Innovation. Título: “Social Innovation Research in the European Union”
  • Moore, ML. & Westley, F.R. Título: “Public Sector Policy and Strategies for Facilitating Social Innovation” (Horizons Policy Research Initiative)
  • Murray, R., Caulier-Grice, J., Mulgan, G. Título: “The Open Book of Social Innovation” (NESTA & Young Foundation)
  • Sebastián, J. Título: “La innovación: entre la ciencia, la ficción y la política” (Pensamiento Iberoamericano nº5)
Categories: Firmas invitadas

About Author

Gotzon Bernaola eta Goizalde Atxutegi

Innobasque. Berrikuntza Soziala - Innovación Social

Write a Comment

Your e-mail address will not be published.
Required fields are marked*