Cocreando valor público: El grado de vinculación entre participación y decisión

Cocreando valor público: El grado de vinculación entre participación y decisión

La semana pasada fueron publicadas las conclusiones de la segunda jornada del proceso participativo para la elaboración del Libro Blanco de Democracia y Participación. En este encuentro, que tuvo lugar en Vitoria-Gasteiz el pasado 21 de marzo, participaron más de 80 agentes personas y organizaciones provenientes de la ciudadanía, expertos/as en participación ciudadana e instituciones públicas, además de la amplia representación del tejido asociativo de la ciudad de Vitoria. Todas estas personas profundizaron sobre 2 temas principales: el grado de vinculación entre participación y decisión y los canales y metodologías para desarrollar procesos participativos de calidad.

En el post de hoy trataremos las conclusiones del primero de estos temas, el de la participación vinculante, dejando la cuestión de los canales de participación para la semana que viene.

Respecto a las conclusiones de la primera de estas cuestiones, existió un amplio acuerdo en que los procesos de participación ciudadana, más que vinculantes, tienen que estar encaminados a incidir en las acciones de gobierno, y deben de contar con algunos factores como la disponibilidad de la información, la calidad y cantidad de participación, y que se ajusten a las expectativas de la persona que participa.

En este sentido se debe hacer saber, desde el comienzo de un proceso de este tipo, el grado de incidencia en las decisiones, sin ocultamiento y con absoluta transparencia.

Otra de las cuestiones que se trataron en este punto fue si la ciudadanía está suficientemente preparada para participar, a lo que se concluyó que cualquier persona es competente para ello, a pesar de su posible falta de experiencia o habilidades para hacerlo. Aunque todavía tenemos mucho margen de mejora en “aprender a participar”, la falta de experiencia o preparación no puede servir de excusa para no promover la incorporación de la visión ciudadana en la toma de decisiones pública.

Por lo tanto, la ciudadanía es más que capaz de ser un actor político de influencia, ya que todos y todas somos “expertos/as convivenciales.

Tampoco hay que olvidar el rol que juega el promotor, es decir, las administraciones. Éstas han de creer en la participación, definir qué compromisos adquieren, liderar el proceso y por último realizar una devolución a las personas participantes mostrando el impacto de su implicación.

Por lo tanto y para resumir esta cuestión, tanto a nivel político como de ciudadanía hay que trabajar en tres dimensiones: Saber, querer y poder. Todo ello con un objetivo claro: la búsqueda de consensos y de soluciones compartidas.

Si quieres conocer el informe completo de conclusiones de la jornada puedes hacerlo desde aquí.

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